Sobre "Turner Prize. A Retrospective. 1984-2006". En Tate Britain, Londres.Os dejo aquí con un artículo encotrado en
el País y posteriormente en
www.salonkritic.netOs remarco en negrita un aspecto importante, ¿que opinais?
En 1832, en plena madurez artística, Joseph Mallord Willian Turner escribió el primero de cinco codicilos donde expresaba su voluntad de donar a la Royal Academy de Londres una importante suma de dinero para la creación de un premio (20 libras) y una medalla, acuñada por él mismo, "a la mejor obra paisajística realizada por un joven pintor inglés". Turner murió en 1851, y ni la medalla ni el premio fueron concedidos "a perpetuidad". Las 20.000 libras de la "herencia Turner" se habían convertido en una patata caliente para los académicos, que no se ponían de acuerdo en cómo gestionar aquel legado.
Un siglo y medio después, el nombre del pintor romántico, espíritu desplazado del impresionismo, ha servido de marca corporativa a un premio que desde su creación, en 1984, no ha conseguido apaciguar a la crítica. ¿Por qué utilizar el nombre del pintor inglés si ni el premio, ni el jurado, ni siquiera la obra de los autores finalistas, tenían que ver con él? Otras voces alertaban de que el Turner Prize, patrocinado por un empresario anónimo, serviría para lavar corruptelas y oscuros intereses comerciales. Waldemar Januszczak, crítico de The Guardian, se manifestó a favor de un galardón que se miraba en el espejo del Rembrandt de los Países Bajos y del Grand Prix National des Arts de Francia. Su defensa pivotaba en el hecho de que la obra de Turner había sido poco valorada en su época. Un ejemplo más de la endémica resistencia de la cultura británica a lo nuevo. La propia Tate Gallery se había opuesto, en 1928, a la compra del matisse Reading Woman with Parasol, y no tuvo un picasso hasta 1949, cuando el artista tenía casi setenta años.
La economía del arte no determina cuáles son las condiciones para la supremacía estética. seguir leyendo